no se si soy mujer porque en otra vida fui hombre
...y de esos malvados castigadores y crueles que engañaban a sus mujeres cada vez que salía el sol. Es que ser mujer me cuesta. Me cuesta entenderme a mí y a los hombres. Me siento identificada con ellos aunque no lo parece. Siento sus deseos de huir como si fueran mis deseos. A ratos disfruto de la libertad como ellos lo hacen. Pero cuando el espíritu de ser mujer me posee, me entra el remordimiento y la culpa. De inmediato desaparece la libertad y la inconciencia, eso que ellos en cambio gozan a plenitud. Pero estoy aprendiendo a congraciarme con ellos, tratando de aceptar que la convivencia tiene sus altibajos, que cuando mejor se la está pasando justo quieren largarse. Que no habrán abrazos de consuelo moral ni de apoyo, solo abrazos eróticos que aparecen en momentos en los que la estamos pasando bien. Me gustaría que me abracen cuando la estoy pasando mal, que me digan, aunque no sea cierto, que entienden lo que siento. Me gustaría que ante un malestar físico, no se den la vuelta a ver la tele, sino que me mimen un poco y me digan "qué puedo hacer por ti". Una vez llegué a la conclusión de que para estar con un hombre había que aprender a estar sin él. Pensé que eso se aplicaba a uno en especial. Hoy comprendo que es una constante.

1 Comments:
¡Bravo, bravo! Este comentario tuyo no es sino la constatación del caos mental que tenéis las tías y del que nos hacéis víctima a los tíos. Efectivamente, para empezar no sabéis siquiera qué es el concepto "libertad": si es promiscuidad o si es libertad de expresión; si es hacer lo que os apetezca en el momento que os apetezca y sin límites o si es tener la autorresponsabilidad de la libertad de opción y de conciencia. En fin: un verdadedro galimatías que nos está llevando a los hombres de buena voluntad y de dignidad, al caos más absoluto. Para colmo, las que se la dan de "modernitas" opinan que, como el hombre siempre ha sido "puto" (cosa absolutamente falsa e infame), ellas por qué no van a probar a emularlos y fuera de los prostíbulos oficiales... ¡Qué pena, chicas, que no os aclaréis y hayáis convertido el amor en una guerra de sexos!
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